LEY MIGRATORIA PDF Imprimir E-mail
Lunes, 02 de Noviembre de 2009 05:06

LEY MIGRATORIA

Jorge Durand     La Jornada 25 de octubre 2009


Entre los migrantes mexicanos que radican en Estados Unidos se dio un cambio cultural fundamental. El mexicano era el grupo m√°s reacio a naturalizarse, mientras los argentinos, peruanos, salvadore√Īos y tantos otros aprovechaban la primera oportunidad que ten√≠an enfrente. El cambio se dio propiamente a fines de siglo XX, despu√©s de rechazar sistem√°ticamente de manera amable, agria o enf√°tica las ofertas o posibilidades de naturalizaci√≥n.

En el libro ‚ÄúMexicanos en Chicago, diario de campo de Robert Redfield, 1924-1925‚ÄĚ, recientemente publicado, se da cuenta de esta reticencia ancestral y de un nacionalismo muy marcado: ‚Äúlos polacos siempre fingen que son americanos, se averg√ľenzan de ser polacos. Dicen que son alemanes o americanos. Una noche, en la escuela el profesor dijo que los pueblos que formaban Norteam√©rica eran Canad√°, Estados Unidos y M√©xico. ¬°Deber√≠a haber visto a los polacos que estaban alrededor! ¬ŅQu√©: los mexicanos son americanos?

A los polacos les dan buenos trabajos, los mexicanos tienen que hacer todos los trabajos sucios. Le pregunté por qué. Uno de ellos dijo. Yo creo que es porque los mexicanos no se quedan aquí. En efecto, la permanencia definitiva termina en integración y culmina con la naturalización. No era el caso de los mexicanos de aquellos tiempos.

Tuvo que pasar un siglo para que se diera este cambio y un cambio en el patr√≥n migratorio que se dio despu√©s de la reforma migratoria de 1986 (IRCA) que legaliz√≥ a 2.3 millones de mexicanos indocumentados. En otros tiempos, con tener la tarjeta verde hubiera bastado, pero durante la d√©cada del 90 se desat√≥ el nativismo antiemigrante y resultaba mucho m√°s √ļtil, pr√°ctico y conveniente tener la ciudadan√≠a.

Las cifras sobre naturalizaciones de mexicanos eran bajas y estables durante los a√Īos 80, pero empezaron a dispararse a comienzos de los 90 y llegaron a su m√°ximo en 1996. ni bien pasaron los cinco a√Īos reglamentarios los mexicanos que hab√≠an obtenido su residencia en 1987 empezaron a solicitar el cambio de nacionalidad. Por a√Īadidura, en 1996 la administraci√≥n Clinton promulg√≥ una ley que pon√≠a en clara desventaja a los indocumentados, pero tambi√©n a los residentes. Para tener plenos derechos y prestaciones sociales en Estados Unidos, se requiere de la ciudadan√≠a. Con este aliciente, el proceso sigui√≥ adelante, entr 1995 y 2005 las naturalizaciones de mexicanos crecieron 144 por ciento.

Este cambio fue acompa√Īado en M√©xico por una valiente y generosa legislaci√≥n que les permite a los mexicanos adquirir otra nacionalidad sin perder la mexicana, y recuperarla en caso de haberla perdido con anterioridad. Posteriormente, y despu√©s de varias d√©cadas de lucha y movilizaci√≥n, los mexicanos en el exterior consiguieron otro gran logro: la posibilidad de votar en las elecciones presidenciales.

La obtenci√≥n de la ‚Äúdoble nacionalidad‚ÄĚ y de la ‚Äúdoble ciudadan√≠a‚ÄĚ, como popularmente se les llama, fueron logros que costaron muchos a√Īos, trabajo y esfuerzo. La doble nacionalidad era impugnada por un coro de voces que tildaban de ‚Äútraidores a la patria‚ÄĚ a los emigrados y preven√≠an de los graves peligros que esa medida podr√≠a tener para la naci√≥n, la sociedad, la cultura y la integridad del territorio.

El ‚Äúvoto remoto‚ÄĚ, a su vez, fue cuestionado de injerencista y de proporcionarle derechos pol√≠ticos a los extranjeros. Ambas leyes, si bien necesitan ajustarse, han sido fundamentales para estrechar lazos pol√≠ticos, sociales y culturales entre un mismo pueblo dividido por una amplia y cada vez m√°s peligrosa frontera. Hoy en d√≠a se discute una nueva ley migratoria y un nuevo programa nacional de migraci√≥n. La ley de poblaci√≥n data de 1974 y fue un avance notable en cuanto a resolver el problema de aquellos a√Īos, la sobrepoblaci√≥n.

Pero en pocos a√Īos se nos acaba el ‚Äúbono demogr√°fico‚ÄĚ y el tema y problema que tenemos que afrontar es el de la migraci√≥n en sentido integral, que comprenda la emigraci√≥n, el tr√°nsito, la inmigraci√≥n y el retorno. La tarea no es f√°cil, se trata de afrontar una nueva realidad, y para ello se requiere de una nueva ley. Los parches, adecuaciones y reformas no son suficientes. La ley migratoria debe partir de dos premisas: somos un pa√≠s de emigrantes, con m√°s de 12.7 millones de mexicanos viviendo en otro pa√≠s

Al mismo tiempo, somos un pa√≠s marcadamente cerrado hacia el exterior. Le exigimos visa a m√°s de 150 pa√≠ses y los extranjeros, seg√ļn estimaciones recientes del Inami s√≥lo son 0.3 por ciento. Nunca la poblaci√≥n extranjera en M√©xico ha rebasado el 0.5 por ciento.

La nueva ley, además de ser integral se propone ser congruente. Como mexicanos exigimos respeto para nuestros connacionales en el extranjero, por tanto debemos aplicar los mismos criterios y otorgar los mismos derechos a los extranjeros que residen, transitan o viajan en el país. Las leyes y disposiciones migratorias mexicanas no sólo son obsoletas, improcedentes y contradictorias, muchas de ellas son absurdas.

Un México moderno requiere de puertas abiertas, de trámites expeditos, de criterios amplios y de medidas de seguridad efectivas. Para lograrlo se requiere de un cambio de mentalidad, de una nueva cultura, que no estigmatice al extranjero y que lo vea importante para el desarrollo económico, social y cultural. Los mexicanos del otro lado ya dieron el paso, ahora nos toca a nosotros.

 

 

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